jueves, 19 de junio de 2014

Valor Tolerancia actividades



Tolerancia
“No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Voltaire.

Trabaja con los niños los valores es un trabajo continuo que día a día las maestra realizan, y con el propósito de innovar cada día siempre andamos en la búsqueda de estrategias o actividades relacionadas al valor especifico que deseamos trabajar.  Es por ello que compartiré con usted algunos cuentos,  definiciones, frases sobre valores. Esperando sean de su mayor agrado.
Primeramente definiremos la palabra Tolerancia: Acción y efecto de tolerar. Respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás aunque sean diferentes a la nuestra.
La Tolerancia se expresa en la disposición para admitir en los demás una manera de pensar, de obrar, de ser diferente y, como tal, es un valor fundamental para la convivencia pacífica. Dar una respuesta atenta que entienda y reconozca el derechos de los otros a ser aceptados en su individualidad y diferencia es un deber de todos. 

Para ser tolerantes:
v  Pongámonos en el lugar de los otros para tratar de entender sus problemas y su manera de actuar.
v  Escuchemos sin interrumpir y demos a los demás la oportunidad de expresarse.
v  Veamos en la diversidad de razas y culturas una señal de la riqueza y amplitud del mundo, en lugar de motivos de desconfianza.

Personaje Destacado:

Nelson Mandela  
Dalibbunga Mandela es el nombre completo de este heroico político sudafricano conocido en el mundo entero por su lucha incansable por la abolición de la discriminación racial de la población negra de su país, donde llevo una batalla sin tregua que lo llevo a pasar 27 años en la cárcel. Tras su liberación fue elegido presidente de su nación en las primeras elecciones libres y democráticas que se realizaran en ese país.  Recibio el Premio Nobel de la Paz por su noble labor y lucha. Mandela siempre será recordado por su lucha y triunfo contra un sistema de gobierno intolerante e injusto y constituye un ejemplo de todo lo que se puede lograr en defensa del respeto y la dignidad de las personas.

Palabras de Tolerancia
Lo mejor que puedo dar
A un enemigo es el perdón;
A un adversario, tolerancia;
A un amigo, oídos;
A un hijo, buen ejemplo;
A tu padre, respeto;
A u madre, una conducta que
La haga sentirse orgullosa de ti;
Al prójimo, caridad;
Y a ti mismo, amor propio.
Benjamin Franklim

Cuentos

 La rana y la serpiente

Un bebé rana saltaba por el campo, feliz de haber dejadode ser renacuajo, cuando se encontró con un ser muy raro que se arrastraba por el piso. Al principio se asustó mucho, pues jamás en su corta vida terrestre había visto un gusano tan largo y tan gordo.

Además, el ruido que hacía al meter y sacar la lengua de su boca era como para ponerle la piel de gallina a cualquier rana. Se trataba en verdad de un bicho raro, pero tenía, eso sí, los colores más hermosos que el bebé rana había visto jamás. Este vistoso colorido alegró inmensamente al bebé rana y le hizo abandonar de un momento a otro sus temores. Fue así como se acercó y le habló.
–¡Hola! –dijo el bebé rana, con el tono de voz más natural y
selvático que encontró–. ¿Quién eres tú? ¿Qué haces arrastrándote por el piso?
–Soy un bebé serpiente –contestó el ser, con una voz llena de silbidos, como si el aire se le escapara sin control por entre los dientes–. Las serpientes caminamos así.
–¿Quieres que te enseñe?
–¡Sí, sí! –exclamó el bebé rana, impulsándose hacia arriba con sus
dos larguísimas patas traseras, en señal de alegría.

El bebé serpiente le dio entonces unas cuantas clases del secreto arte dearrastrarse por el piso, en el que ninguna rana se había aventurado hasta entonces. Luego de un par de horas de intentos fallidos, en los que el bebé rana tragó tierra por montones y terminó con la cabeza clavada en el suelo y sus largas patas agitándose en el aire, pudo por fin avanzar algunos metros, aunque de forma bastante cómica.

–Ahora yo quiero enseñarte a saltar. ¿Te gustaría? –le preguntó el bebé rana a su nuevo amigo.
–¡Encantado! –repuso el bebé serpiente, haciendo remolinos en el suelo, de la emoción.

Y el bebé rana le enseñó entonces al bebé serpiente el difícil arte de caminar saltando, en el que ninguna serpiente se había aventurado hasta entonces. Para el bebé serpiente fue tan difícil aprender a saltar como para el bebé rana aprender a arrastrarse por el piso.

Fueron precisas más de dos horas para que el bebé serpiente pudiera despegar del suelo por completo su larguísimo cuerpo. Al fin lo logró, pero se veía tan gracioso cuando se elevaba, y chapoteaba tan fuertemente entre el barro después de cada salto, que los dos amigos no podían menos que reírse a carcajadas.

Así pasaron toda la mañana, divirtiéndose como enanos y burlándose amistosamente el uno del otro. Y hubieran seguido todo el día si sus respectivos estómagos no hubieran empezado a crujir, recordándoles que era hora de comer.
–¡Nos vemos mañana a la misma hora! –dijeron al despedirse.
–¡Hola mamá, mira lo que aprendí a hacer! –gritó el bebé rana al entrar a su casa. Y de inmediato se puso a arrastrarse por el piso, orgulloso de lo que había aprendido.
–¿Quién te enseñó a hacer eso? –gritó la mamá rana furiosa, tan furiosa que el bebé rana quedó paralizado del susto.
–Un bebé serpiente de colores que conocí esta mañana –contestó atemorizado el bebé rana.
–¿No sabes que la familia serpiente y la familia rana somos enemigas? –siguió tronando mamá rana–.Te prohíbo terminantemente que te vuelvas a ver con ese bebé serpiente.
–¿Por qué?
–Porque las serpientes no nos gustan, y punto. Son venenosas y malvadas. Además, nos tienen odio.
–Pero si el bebé serpiente no me odia. Él es mi amigo –replicó el bebé rana, con lágrimas en los ojos.
–No sabes lo que dices. Y deja ya de quejarte, ¿está bien?
El bebé rana no probó ni una sola de las deliciosas moscas que su mamá le tenía para el almuerzo. Se le había quitado el hambre y no entendía por qué. (Lo que pasaba era que estaba triste y no lo sabía). Cuando el bebé serpiente llegó a su casa, le ocurrió algo similar.
–¿Quién te enseñó a saltar de esa manera tan ridícula? –le preguntó su mamá, parándose en la cola de la rabia.
–Un bebé rana graciosísimo que conocí esta mañana.
–¡Las ranas y las serpientes no pueden andar juntas! ¡Qué vergüenza! ¡La próxima vez que te encuentres con ese bebé rana, mátalo y cómetelo!
–¿Por qué? –preguntó el bebé serpiente, aterrado.
–Porque las serpientes siempre han matado y se han comido a las ranas. Así ha sido y tiene que seguir siendo siempre. Ni falta hace decir cómo se sintió el bebé serpiente de sólo imaginarse matando a su amigo y luego comiéndoselo como si nada.

Al día siguiente, a la hora de la cita, el bebé rana y el bebé serpiente no se saludaron. Se mantuvieron alejados el uno del otro, mirándose con desconfianza y recelo, aunque con una profunda tristeza en el corazón. Y así ha seguido siendo desde entonces.


—Cuento tradicional africano 



El jardín de Tadeo

El parque donde jugaban Anita y sus amigos había sido un paraíso mágico desde sus primeros años. Su mundo se había alimentado de alegría en infinidad de tardes entre árboles y verdor. Un laberinto natural en el que se escondían y encontraban, pateaban la pelota, saltaban la soga o armaban casas con ramas y hojas secas.




Pero un día todo se oscureció. Anita estaba segura que esta vez la pelota si entraría al arco. Le dió una patada con todas sus fuerzas, pero el balón salió desviado, cayendo a lo lejos. Todos fueron a recogerla. Nunca habían llegado hasta aquél lugar tan solitario. Se veía abandonado. El jardín estaba seco y aquella casa antigua estaba sin pintar.

Sin perder tiempo, los niños cogieron la pelota y ya empezaban a alejarse, cuando una voz atronadora les escarapeló la espalda:

-Así que malogrando mi jardín con la pelota, eh?Pero que se han creído?

Un anciano de muy mala cara les clavó la mirada uno por uno.

-Fuera de aquí!

Anita logró mover un pie y emprendió la carrera. Los otros no tardaron en imitarlo entre gritos, dejando a aquel viejo gruñón solo en su seco jardín. Para rematarlos, les advirtió desde lejos:

-Si esa pelota cae cerca de aquí otra vez, olvídense de ella!

Los niños se quedaron muy tristes. Sentados bajo el árbol madre del parque ya no se atrevían a jugar a nada, temiendo que ese señor se les echara encima. Anita no podía creer que no pudieran volver a jugar en su paraíso. Afortunadamente, tenía una idea.

Al día siguiente, todos los niños se reunieron muy temprano y se escondieron alrededor de la casa del anciano. Al verlo salir, ingresaron al jardín, y con ayuda de algunos de sus papás arrancaron la hierba mala, vertieron tierra nueva, plantaron flores y pintaron la fachada de la casa. Al final una bonita valla de madera pintadita de blanco enmarcaba aquella obra de arte.

Cuando el viejo regresó al mediodía, no podía creer lo que veía. La pipa maloliente y el diario que llevaba enrollado en una mano cayeron al suelo del asombro. El gruñón se quedó ahí, parado un buen tiempo. Ya sus ojos se llenaban de lágrimas y asomaba una tibia sonrisa en sus labios, cuando un pequeño jalón a su raído gabán lo sacó del trance.

-Señor -le dijo Anita, casi susurrando. Creo que le debíamos esto. Le prometemos que jugaremos con más cuidado.

El viejo Tadeo -ese era el nombre que ni él mismo recordaba- miró a su alrededor, incrédulo. Todos esperaban temerosos a prudente distancia. Finalmente, tomando una gran bocanada de aire, Tadeo se agachó y abrazó a Anita.

- Gracia, hija. Nadie se había preocupado en darme una alegría en muchos, muchos años. Menos algo tan bonito. Perdóname si los asusté. No dejen sus juegos.

Y agregando un guiño, le susurró al oído:

- Yo también fui niño.

Desde entonces todo era armonía. Los chicos cambiaron la ubicación de los arcos de fútbol y siguieron jugando. Tadeo los visitaba cuando sus piernas adoloridas se lo permitían, hasta que le fue imposible y los niños lo visitaban en su casa después de la escuela.


Tadeo falleció de viejito, y los niños que vinieron después siguieron conociendo la historia de aquella niña que logró salvar su paraíso en el parque, y el alma de un hombre antes de ir al que está en el Cielo.

Basado en el cuento "El Gigante Egoísta" de Oscar Wilde.



TEST PARA MEDIR TU NIVEL DE TOLERANCIA.


Dibujos para colorear



 
 Imagenes a color 




Por ahora es todo, espero sea de su agrado. Si lo desean pueden compartir su experiencia con las actividades mencionadas... Si tienen más ideas, opiniones, actividades, sugerencias sobre este u otro tema, envienlo con toda confianza. Muchas gracias por compartir.

Dios nos bendiga a todos.

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