Héroes y heroínas de la afrovenezolanidad.
HIPÓLITA Y MATEA BOLÍVAR

Hipólita lo adoptó como su propio hijo
mientras Matea lo atendía como a un hermanito a quien le enseña lo bueno
y lo malo que depara la vida. Las dos lo acompañaron en el penoso dolor
cuando en 1803 muere su esposa María Teresa del Toro en la casa “El
Ingenio” en San Mateo.
Años después lo vieron llegar glorioso a
Caracas en agosto de 1813 luego de la Campaña Admirable. Estuvieron como
soldados y enfermeras cuando la hermosa casa de San Mateo se transformó
en cuartel del Ejército Libertador.
Le arrojaron flores y lágrimas alegres
desde los balcones de Caracas cuando lo observaron por últimas vez en
1827. Seguía siendo para ellas “el niño Simoncito”. Muchos comentaban
que el Libertador al verlas comentó: “allí están mis amadas negras:
Hipólita que me dio de comer, Matea que me enseñó mis primeros pasos”.
Sus nombres han estado siempre en la
memoria de Venezuela porque representan la historia tierna y bonita del
Padre de la Patria durante su niñez, adolescencia y juventud. Como
verdaderas madre y maestra, por obra y gracia del destino y las
circunstancias, Hipólita y Matea forjaron en el futuro del Libertador
los más nobles sentimientos humanistas, morales y libertarios.
Estas mujeres representantes de la
negritud, de la afrodescendencia, de la venezolanidad, amigas
inseparables, hermanas en la historia, esperan estar pronto en el
Panteón Nacional junto a su “niño Simoncito”.
Hipólita Bolívar nació en San Mateo, estado Aragua en 1763.
Matea Bolívar nació en San José de Tiznados, estado Guárico, el 21 de septiembre de 1773.
JUAN ANDRÉS LÓPEZ DEL ROSARIO “ANDRESOTE”

Luchó por la igualdad de los negros y de
los aborígenes contra la esclavitud y la injusticia de los españoles y
de la compañía Güipuzcoana, en donde una clase dominante quería mantener
sus privilegios a toda costa matando y castigando a todo aquel que no
le obedeciera, no pagando el salario y manteniendo esclavizado tanto a
los negros como a los aborígenes.
Estableció un lugar en donde la rebeldía
de los aborígenes Caribes, Ciparicotos, Jiraharas y Arawacos era
notable, lo cual aprovechó para curtirse más y ayudar a organizarlos.
El movimiento de Andresote es uno de los
primeros organizados contra los españoles y en éste convergieron
aborígenes, negros, zambos, mulatos y blancos criollos en una lucha en
común, descontentos por los altos impuestos que les imponían las
autoridades de la Güipuzcoana y por la explotación del hombre por el
hombre.
La lucha de Andresote se circunscribe en
los movimientos de preindependencia iniciados por el negro Miguel de
Buría en Yaracuy, el levantamiento del negro Guillermo en Barlovento y
el del heroico José Leonardo Chirino en la sierra de Coro en Falcón.
“Los esclavos deben ser libres como sus abuelos de Guinea”.
JUANA RAMÍREZ “LA AVANZADORA”

Con un año de edad, Juana percibe el
aroma de la libertad al estallar la insurrección de los esclavizados de
Haití. Luego vino el levantamiento José Leonardo Chirino y otras
pequeñas sublevaciones que la niña observaba desde su lugar.
Detrás del fregadero, Juana escuchaba las
noticias que alimentaban su espíritu libertario. A los 15 años ya era
mano derecha del General Don Andrés Rojas y estaba lista para enfrentar
las faenas de la guerra.
Mientras tanto, ocurría la revuelta de
1810, la Primera República. Juana con veinte años se había convertido en
una hermosa mujer muy alta e impactante que con sólo dar la orden los
demás obedecían sin resistencia e infundía sobre los esclavizados la
pasión por la lucha independentista.
Es así que entre 1813 y 1814 Juana
participa en las cinco batallas que se realizan en las cercanías de
Maturín contra Antonio Zuazola, de La Hoz, Monteverde y Morales. La que
más destaca es la de Alto de los Godos, una batalla que, por la
intrépida avanzada de Juana fue victoria segura para los patriotas.
De allí es que a la heroína venezolana se
le conoce como Juana “La Avanzadora”. La inminencia de la Guerra era
latente, todos lo sabían, y Juana se apresura a fundar un batallón que
llamaron “Batería de las Mujeres” formado por todas las mujeres del
pueblo, entre las que estaban Graciosa Barroso de Sifontes.
A partir de estos hechos, se concretiza
su participación en las batallas por la liberación, lo cual inspiro a
Piar, Bermúdez y José Tadeo Monagas para derrotar al jefe realista
Domingo de Monteverde.
Muere en 1856 a la edad de 66 años,
siendo enterrada en el cementerio antiguo de Guacharacas en El Bajo, el
mismo que en la actualidad es utilizado por las comunidades de San
Vicente y Pueblo Libre.
LEONARDO INFANTE

A los quince años de edad, Infante, con
toda la energía y decisión de su carácter, se manifestó adicto a la
magna revolución que aseguró nuestras libertades públicas.
La revolución de 1810 operó en aquella
alma una transfiguración. De repente el hombre de la llanura se
convirtió en arcángel de la guerra.
El comportamiento de Infante en la acción
de Carabobo le mereció las más vivas simpatías del Libertador y el
grado de Comandante, destinándosele a servir en la ” Caballería ligera ”
por sus brillantes aptitudes para el manejo de la lanza.
Con este grado entró a formar parte de la
famosa división que al mando del benemérito General Zaraza hizo la
campaña en 1818 hacia el oriente de Venezuela.
El 17 de abril de 1818 en San José de
Tiznados, en el sitio conocido como el Rincón de los Toros, rescata a
Simón Bolívar luego del atentado de los realistas.
Participa junto con el Libertador en
batallas liberadoras en la Nueva Granada teniendo el triunfo en cada una
de ellas. Fue capturado y fue fusilado el 26 de marzo de 1826.
Infante conservó hasta el último instante
de su suplicio la entereza de alma que lo caracterizaba, la cual le
sirvió de para ganarse la merecida reputación de que goza entre sus
compatriotas.
JOSÉ LEONARDO CHIRINO

Su interés por los legados de la
revolución francesa (Libertad, Igualdad y Fraternidad) se manifestó en
su pensamiento y su acción. El proceso liberador e independentista de
Haití sirvió de inspiración para su labor revolucionaria en la Venezuela
colonizada y para emprender la batalla en contra de la mano opresora.
En 1795 se concreta la insurrección del
líder afrodescendiente, seguido en su mayoría por negros de la tribu de
los “loangos” o “minas”, del Reino del Congo, implantando un programa
revolucionario: el establecimiento de lo que llamaban la Ley de los
Franceses, es decir, la República; eliminación de la esclavitud e
igualdad de las clases sociales; supresión de los privilegios;
derogación de los impuestos de alcabala.
Derrotada la rebelión, Chirino fue
capturado por las autoridades en agosto de 1795 y trasladado a Caracas,
donde la Real Audiencia lo condenó a la horca el 10 de diciembre de
1796, sentencia que se ejecutó en la plaza Mayor de esa ciudad (hoy
plaza Bolívar). Como escarmiento y para desalentar futuras rebeliones,
la cabeza de Chirino fue puesta en una jaula de hierro que se colocó en
el camino hacia los Valles de Aragua y Coro.
PEDRO CAMEJO “EL NEGRO PRIMERO”

A comienzos de la Guerra de Independencia
formó parte del ejército realista. En 1816 sentó plaza en las filas
republicanas, en las fuerzas que comandaba el general José Antonio Páez
en Apure.
Fue uno de los 150 lanceros que
participaron en la batalla de las Queseras del Medio (2 de abril de
1819) y en esa ocasión, recibió la Orden de los Libertadores de
Venezuela.
En la Batalla de Carabobo (24 de junio de
1821) era integrante de uno de los regimientos de caballería de la
primera división de Páez; allí rindió la vida.”Mi general, vengo a
decirle adiós porque estoy muerto”, estas fueron las últimas palabras
que dirigió al General Páez en la Batalla de Carabobo.
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